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Las técnicas de respiración / relajación constituyen un conjunto de procedimientos de intervención clínica sumamente útiles a la hora de abordar los Trastornos de Ansiedad.
La respuesta de ansiedad se caracteriza por una activación del sistema nervioso simpático, cuya función es preparar al organismo para la lucha o la huida, produciendo síntomas fisiológicos típicos como: taquicardia, sudoración, mareos, respiración agitada, y tensión muscular.
Por el contrario, cuando estamos tranquilos y relajados, el nivel de activación fisiológica es mínimo, ya que se activa el sistema nervioso parasimpático cuya función es conservar la energía del organismo.
La relajación se considera entonces, como una respuesta OPUESTA a la respuesta de ansiedad y estrés, que puede ser aprendida y convertirse en un importante recurso personal para contrarrestar los efectos negativos del estrés.
La relajación se manifiesta en 3 niveles:
Fisiológico: representado por la disminución en la activación somática, baja en la tasa cardiaca, respiratoria, etc.
Subjetivo: se refiere a la experiencia interna conciente del propio estado emocional o afectivo, como una experiencia de calma subjetiva.
Conductual: incluye todas las expresiones de la conducta opuestas a las respuestas de ansiedad.
Por medio de las técnicas de respiración / relajación aprendemos una nueva respuesta, opuesta a la de activación psicofisiológica, y podemos identificar entre otras cosas, cuáles son los músculos del cuerpo que tenemos en tensión y relajarlos, si estamos respirando de manera acelerada y generar una respiración abdominal y mas profunda.
La práctica diaria de los ejercicios de respiración y de relajación genera dicho aprendizaje, y es así como una vez que tenemos entrenamiento suficiente podemos utilizar la técnica en cualquier situación que nos provoque ansiedad.
El objetivo fundamental de estas técnicas es generar en el paciente la habilidad para hacer frente a situaciones cotidianas que le producen estrés y ansiedad.
Es importante reconocer que la ansiedad tiene un “ciclo de vida” y que luego de alcanzar un punto máximo, comienza a disminuir lentamente.
Asimismo, es importante aprender a diferenciar entre la ansiedad adaptativa como respuesta esperable en ciertas situaciones y la ansiedad patológica. Gran parte del estrés y la ansiedad cotidianos son innecesarios, siendo el entrenamiento en relajación/ respiración una de las técnicas mas eficaces para reducirlos.
La utilización de técnicas de manejo de ansiedad se basa en el supuesto de que se producirá una respuesta conductual mas adaptativa ante las situaciones ansiógenas, si se aprenden nuevas habilidades y destrezas que permiten controlar la ansiedad que ellas producen.
Existen diversas teorías sobre el origen del Trastorno de Pánico. Una de las teorías más integrativas, considera que cada aspecto del comportamiento humano tiene una base biológica y que no puede haber una psicología sin cerebro: las neuronas cerebrales controlan circuitos complejos, los que se encargan a su vez, de vigilar dichas funciones. Por consiguiente, ninguna teoría que considere un trastorno psiquiátrico sería completa sin hacer referencia a la química, a la anatomía y al funcionamiento del cerebro. Asimismo, resulta inconcebible negar que el Trastorno de Pánico genere cambios considerables en los patrones del comportamiento y la conducta. Teorías que no integren ambos aspectos pueden considerarse incompletas, y por consiguiente, al asumir una postura amplia o integradora, pierde validez el debate acerca de si el Trastorno de Pánico es un trastorno biológico o psicológico.
Actualmente, un paciente con Trastorno de Pánico puede estar seguro de que recibe un tratamiento de primera elección, y de probada eficacia, si es tratado con los fármacos adecuados, en conjunción con una Terapia Cognitiva–Comportamental.
En un intento de integrar las teorías biológicas con las comportamentales, se han diferenciado tres componentes del Trastorno de Pánico:
la crisis de pánico
la ansiedad anticipatoria (miedo al miedo)
la agorafobia
Respuesta de alarma, estrés y pánico
Todos los organismos, especialmente los mamíferos, incluídos los seres humanos, reaccionan rápidamente para sobrevivir cuando se sienten amenazados. Se produce una reacción compleja que moviliza todas las reservas y capacidades del organismo, llamada respuesta al estrés agudo, respuesta de alarma o respuesta de lucha-huída. En el hombre primitivo, esta capacidad de defensa estaba al servicio de la lucha frente a las adversidades naturales, o frente al ataque de los animales, y aún hoy, sigue siendo importante como sistema de protección. Si alguien se encuentra en medio de un incendio o de un asalto, intentará rápidamente movilizar una gran cantidad de energía física para salvar su vida, evaluando la situación y determinando como escapar. Cuando perciba efectivamente la amenaza, más allá de su conciencia, se activarán automáticamente una serie de regiones cerebrales. Estas son responsables de la regulación de las distintas funciones básicas, como la respiración, la circulación, la digestión, la actividad sexual y la metabólica, etc.
En cuanto se percibe una situación estresante o traumática, el cuerpo se moviliza para la acción. Una cadena de eventos en el cuerpo ocurre una vez disparada la respuesta de alarma y diversas glándulas son activadas. Una vez que la adrenalina es segregada y volcada al torrente sanguíneo por las glándulas suprarrenales, el corazón, los pulmones y los músculos se preparan para la emergencia. La adrenalina despierta al cuerpo y lo pone en alerta, preparándolo para la lucha o la huída, el corazón se acelera y late con más fuerza, el azúcar en sangre aumenta, las pupilas se agrandan, las glándulas sudoríparas transpiran, la respiración se acelera, la boca se seca, los músculos se tensan y suelen producirse temblores, la sangre disminuye en el aparato digestivo y aumenta en los miembros y en la cabeza y pueden sentirse mareos. El ritmo respiratorio es más frecuente (hiperventilación) y a pesar de ello, puede haber una sensación de falta de aire. El corazón envía sangre a las porciones del cuerpo necesarias para la acción, como los músculos del tronco y de las extremidades.
Entonces, es comprensible que toda esta reacción de alarma se active o se produzca ante un suceso traumático o amenazante.
Sin embargo, cuando ocurre sin motivo, sin aviso, el cerebro y el resto del cuerpo entran en pánico y se confunden. La citada reacción se produce porque en algunas personas susceptibles, el sistema de alarma del cerebro es hiperreactivo. La reacción extrema, llamada crisis de pánico, puede dar lugar a síntomas físicos y psicológicos muy violentos en los individuos que están genéticamente predispuestos a padecer estas falsas alarmas. Si bien en la persona que sufre por primera vez un ataque de pánico suele haber antecedentes de algún estrés más o menos inmediato, este es solo uno de los desencadenantes, pero no es la única causa de esta enfermedad.
El siguiente problema es usado por el psicólogo austríaco Paul Watzlawick para ejemplificar un proceso de cambio:
Intente conectar los nueve puntos que aparecen a continuación por medio de cuatro líneas rectas sin levantar el lápiz.
Si no logra hacerlo seguramente se debe a que usted esta viendo a los nueve puntos como un cuadrado. Esa característica geométrica no esta en ningún lado, ni en los puntos ni en el enunciado del problema. El cuadrado esta sólo en su forma de interpretar el dibujo. Sólo si logramos dejar de lado esa forma que le imponemos a la imagen es que podremos resolver el problema. Cuando dejamos de ver el cuadrado y aceptamos que son sólo puntos llegamos a la solución (al final del artículo)
La Terapia Cognitivo Conductual o TCC apunta a modificar la forma de interpretar una situación que se configura como problema y que genera malestar. En los trastornos de ansiedad, las interpretaciones erróneas o distorsionadas de algunos aspectos de la realidad circundante o de los indicadores fisiológicos son factores que contribuyen al mantenimiento del problema.
De esta manera, para una persona que padece Fobia Social, una fiesta puede ser la situación mas embarazosa que pueda tener, una cucaracha puede ser casi un monstruo para alguien con una Fobia Simple a esos insectos, el pequeño retraso de un hijo es la certeza de un accidente para quien sufre de Trastorno de Ansiedad Generalizada y, para quien que lidia con el Trastorno de Pánico, un mareo o una taquicardia son el indicio de un inminente desmayo o de un ataque cardíaco.
En todos esos casos la distorsión en la forma de interpretar o pensar un evento, un estímulo o un síntoma, genera reacciones emocionales negativas y conductas perjudiciales en consecuencia.
Las investigaciones en terapia cognitiva identificaron algunos tipos de distorsiones de pensamiento o distorsiones cognitivas que son habituales en las personas que sufren trastornos de ansiedad:
Pensamiento todo-o-nada - Interpretar los eventos y personas en términos absolutos, evidenciado en el uso de términos como "siempre", "nunca", "todos", cuando su uso no está justificado por los acontecimientos.
Sobregeneralización - Tomar casos aislados y generalizar su validez para todo.
Filtro mental - Enfocarse exclusivamente en ciertos aspectos, usualmente negativos y perturbadores, de un evento o persona con exclusión de otras características.
Descalificación de lo positivo - Continuamente descartar experiencias positivas por razones arbitrarias.
Saltar a conclusiones - Asumir algo cuando no hay apoyo empírico para ello. Dos subtipos han sido identificados:
Lectura de pensamiento - Presuponer las intenciones de otros.
Adivinación - Predecir o "profetizar" el resultado de eventos antes de que sucedan.
Magnificación y Minimización - Subestimar o sobreestimar las cualidades de eventos o personas. Un subtipo identificado es la catastrofización.
Catastrofización - Imaginarse y rumiar acerca del peor resultado posible de un evento, sin importar lo improbable de su ocurrencia.
Razonamiento emocional - Formular argumentos basados en cómo se "siente" en lugar de la realidad objetiva.
Debeísmo - Concentrarse en lo que uno piensa que "debería" ser en lugar ver las cosas como son, y tener reglas rígidas que se piensa que “deberían” aplicarse sin importar el contexto situacional
Etiquetado - Relacionada con la sobregeneralización, consiste en asignar un nombre a algo en vez de describir la conducta observada objetivamente. La etiqueta asignada por lo común es en términos absolutos, inalterables o bien con fuertes connotaciones prejuiciosas.
Personalización - Consiste en asumir que uno mismo u otros son responsables directos de algo ocurrido, cuando muy posiblemente no haya sido el caso en realidad. Cuando se aplica a uno mismo puede producir ansiedad y culpa, y aplicado a otros produce enojo exacerbado y ansiedad de persecución.
En la TCC el terapeuta y el paciente intentan juntos identificar en qué medida las interpretaciones que generan ansiedad presentan una o varias de estas distorsiones, para poder modificarlas por otras más ajustadas a los datos objetivos del entorno y del propio cuerpo. Este trabajo se llama “reestructuración cognitiva” y es una de las partes fundamentales de la terapia.
El objetivo, en última instancia, es poder “ver” de otra manera algo que se presentaba como peligroso y sin solución. En otras palabras, salirse del cuadrado imaginado y así poder unir los nueve puntos.
Los problemas de ansiedad son muy comunes. Cerca de una persona cada diez consulta a un médico en algún momento de su vida porque se siente tenso, preocupado o ansioso. Muchos otros padecen otros problemas que también pueden ser consecuencia de la ansiedad.
La ansiedad afecta tanto a la mente como al cuerpo. Se relaciona con emociones y estados mentales, tales como el miedo, la aprensión, sentirse “al borde del abismo”, alterado, con pánico, nervioso, o preocupado. También se relaciona con sensaciones corporales o síntomas, tales como tensión muscular, sudoración, temblores, “mariposas en el estómago”, respiración agitada, sensación de náuseas o mareo, diarrea, dolor de cabeza, dolor de espalda, taquicardia, etc.
La ansiedad es una reacción normal y saludable. Nos sucede a todos en momentos de peligro, o en situaciones preocupantes. Cuando uno está ansioso, se produce una activación del sistema nervioso que produce los síntomas antes mencionados. Esta activación puede ser una ventaja. Significa que uno está preparado para la acción y capacitado para responder de manera rápida, si así lo necesita. Cantidades moderadas de ansiedad mejoran su performance en momentos difíciles. Un jugador de fútbol que no se sintiera nervioso en un partido o un estudiante que no sintiera cierta urgencia antes de un examen, no podrían rendir óptimamente.
La ansiedad se transforma en un problemacuando aparece en momentos donde no hay un peligro real o cuando persiste aún después de la culminación de un período de estrés. Si la ansiedad aparece cuando no debe aparecer, es desagradable, por los síntomas que genera. Aquí es donde la ansiedad comienza a interferir con la vida diaria de las personas y se vuelve necesario aprender a controlarla.
Los síntomas físicos de la ansiedad son atemorizantes. Hacen que uno piense que algo anda mal con nuestro cuerpo o que uno está expuesto a un peligro real. Preocuparse acerca de la posibilidad de estar enfermo o de que algo terrible pueda suceder causa más ansiedad. Esto origina aún más síntomas físicos.
Se crea un círculo vicioso que empeora la ansiedad.
Uno también puede notar que comienza a esperar sentir ansiedad. A esto lo llamamos ansiedad anticipatoria. Preocuparse por sentir ansiedad puede generar que la ansiedad aparezca. Este es el segundo círculo vicioso.
Tenemos que recordar que la ansiedad es una reacción normal. Uno no puede eliminarla completamente de su vida, pero sí se puede aprender a manejarla y controlarla.
¿Por qué comienzan los síntomas de ansiedad?
Usualmente hay una combinación de causas. Algunas de las más importantes son:
El grado de estrés
La ansiedad puede comenzar en alguna etapa donde la persona esté atravesando momentos de mucho estrés. Uno puede tener un único gran problema, o puede tener varios problemas menores que suman hasta generar un alto grado de estrés.
El tipo de personalidad que uno tenga
Algunas personas parecen tener una habilidad natural para manejar satisfactoriamente situaciones de estrés. Otras pueden tolerarlas menos, y son más propensas a reaccionar con ansiedad.
La baja tolerancia al estrés no significa que uno no puede ser ayudado. Por el contrario, aquellos con una baja tolerancia al estrés suelen mejorar luego de aprender a manejar mejor las circunstancias estresantes. La psicoterapia Cognitivo Conductual cuenta con programas específicos para el manejo del estrés.
Una de las consecuencias más importantes de la ansiedad patológica es la evitación. Las personas comienzan a evitar cosas que relacionan con la ansiedad.
Es normal evitar situaciones peligrosas, pero la ansiedad es un problema cuando uno tiende a evitar cosas que no constituyen un peligro real. Las cosas que usualmente se evitan cuando se padece ansiedad son lugares donde hay mucha gente, negocios o el encontrarse con determinadas personas, etc. Estas situaciones representan una parte importante de nuestra actividad cotidiana, por lo que la conducta de evitación puede causar un gran deterioro en la calidad de vida de la persona.
Algunos tipos de evitación son menos obvios que otros. Algunas personas posponen hacer cosas que deberían hacer. Otros, se paralizan pensando en sus dificultades y problemas y “no hacen nada”.
Desafortunadamente, aunque evitar algo puede causar alivio, no siempre es la solución, porque:
El alivio es sólo temporario. Luego uno comienza a preocuparse acerca de cómo se las va a arreglar para poder seguir evitando.
Cada vez que usted evita algo, dificulta el poder enfrentarlo la próxima vez.
Gradualmente, usted incrementa la necesidad de evitar más y más cosas.
Todos los especialistas coincidimos en la importancia de la consulta temprana. Cuando más tiempo pasa, más se generalizan las conductas de evitación y de reaseguro, y más difícil resulta eliminarlas y restablecer un patrón de conducta normal.
Actualmente el uso de internet está impactando fuertemente en la sociedad. Ha producido un cambio en las costumbres y en las relaciones de los individuos. La evolución tecnológica, la disminución del costo de conexión y el mayor acceso de la población a las computadoras, provocó un aumento en el uso de internet, no sólo como herramienta laboral o de investigación, sino también para actividades relacionadas con el ocio.
Para algunas personas internet se ha convertido en algo imprescindible alrededor de lo cual gira gran parte de sus vidas. Si usted pasa varias horas conectado y ha intentado reducir el uso debido a que este hecho estaba afectando su calidad de vida, y el resultado fue negativo, puede ser que esté padeciendo de una adicción a internet.
Para evaluar el impacto de la “tecnología” y su asociación con diferentes trastornos de ansiedad, CentroIMA inicia una encuesta poblacional. La misma es para mayores de 18 años, voluntaria y anónima.
Los invitamos a participar. Su colaboración, contestando esta breve encuesta, es inestimable y nos permitirá formular conclusiones importantes.
Recuerde, una vez contestada la misma, hacer click, al final de la encuesta, donde dice "ENVIAR (SUBMIT)".
El temor de emprender un viaje en avión es muy común. Las estadísticas muestran que el 11% de la población tiene fobia a volar.
Encontramos aquellos a los que dicha perspectiva les produce una ligera inquietud, que normalmente se disipa luego del despegue (diversas encuestas encontraron que sólo un 5% de quienes vuelan lo hacen sin ningún tipo de temor o inquietud). En otros la preocupación es mayor, y suelen ayudarse con factores externos, tales como la presencia de un acompañante, o en muchos casos el consumo de medicamentos ansiolíticos antes de salir para el aeropuerto, con eventual refuerzo antes de embarcar. Por último, están aquellos que presentan un temor de tal intensidad que anula por completo la posibilidad de un viaje de este tipo.
"Tengo que viajar por causa de mi trabajo. Mi nuevo cargo ha significado un progreso para mí. Pero ahora va a ser necesario que viaje al exterior con frecuencia. ¡Qué hago? No puedo negarme, pero la idea de volar me resulta absolutamente intolerable“
Como vemos, las limitaciones y dificultades que genera este trastorno pueden afectar diferentes áreas en la vida de una persona. Muchas veces, el viaje en avión aparece como una necesidad, ya sea por obligación laboral, o por demandas de la dinámica familiar. Hay un grupo de personas en las que la fobia a volar está presente, pero al no presentar habitualmente la necesidad de viajar por dicha vía, podemos decir que el problema no genera deterioro en su calidad de vida. Claro que siempre está latente la posibilidad de que el momento llegue...
¿Quiénes padecen este problema? ¿Por qué ocurre?
Los caminos para llegar al temor a volar son diversos:
Una persona con una vida normal, sin otros problemas en su vida anímica o social en general. Sólo presenta un miedo desproporcionado a volar. La sola idea puede generarle un estado de ansiedad con síntomas como palpitaciones, inquietud, desesperación, etc. En estos casos el diagnóstico suele ser el de Fobia Simple o Específica.
El origen puede estar relacionado con haber vivido alguna situación de peligro real durante un vuelo, o bien haberse sentido fuertemente impresionado por la noticia o el relato directo de otra persona.
También puede ocurrir en quien ha sido testigo de un accidente o situación de peligro sufrida por una aeronave. Otro caso frecuente es el de aquellos que sufren de Claustrofobia, o temor a los espacios cerrados.
Estas personas sienten gran desesperación al encontrarse en recintos cerrados: ascensores, salas pequeñas, aviones. Personas que padecen de Trastorno de Pánico con Agorafobia, que es un trastorno en el cual la persona teme la posibilidad de padecer una crisis de pánico dentro del avión, durante el vuelo, y lo que les resulta intolerable es la idea de que no podrá bajar de inmediato para obtener alivio o ayuda.
Por último encontramos a aquellos que sufren de Trastorno de Ansiedad Generalizada. En este trastorno las personas se preocupan en forma desmedida, siempre piensan que lo peor está por ocurrir en cualquier momento. Hay una sobre-estimación de la probabilidad de que ocurran eventos negativos. Como resultará fácil de entender, el temor a volar se presenta entonces con frecuencia e intensidad.
¿Es posible superarlo?
La respuesta es sí. Y en la mayoría de los casos el tratamiento es sencillo y de corta duración. Todos estos casos suelen responder muy bien a los tratamientos correctos y específicos. El mayor obstáculo suele ser que la persona que lo padece no confíe en esta posibilidad y no acceda al tratamiento, ya que casi siempre les parece inalcanzable la posibilidad de viajar con tranquilidad, "como todo el mundo".
Tratamiento de la Aerofobia: "Venciendo el Miedo a Volar"
Dirigido a aquellas personas que evitan volar, que experimentan un intenso grado de ansiedad al hacerlo, o sufren una gran angustia y temor cuando un ser querido tiene que viajar en avión.
El miedo a volar puede superarse.
La instrumentación del tratamiento específico es exitosa en la gran mayoría de los casos, y en plazos breves, habitualmente ocho sesiones, individuales o grupales, son suficientes para vencer el miedo a volar
La terapia mas eficaz es la Terapia Cognitivo-Conductual.
La idea central que propone la Psicología Cognitiva sostiene que: “la emoción y la conducta de una persona son consecuencia de sus pensamientos”.
Todos los sucesos, estímulos y situaciones cotidianos son juzgados, interpretados y etiquetados de manera particular por cada persona. Constantemente estamos describiendo el mundo y catalogando cada suceso o experiencia.
Estos juicios e interpretaciones conforman el área cognitiva propia de cada persona, son los “lentes” con los que miramos el mundo que nos rodea, están formados por el diálogo interno que cada persona tiene consigo misma, y se manifiestan en forma de pensamientos.
Estos pensamientos fluyen como una cascada y, a pesar que rara vez nos damos cuenta de ellos, son capaces de generar los estados emocionales más diversos.
Habitualmente los llamamos “pensamientos automáticos” para enfatizar que los mismos se experimentan como si fueran un reflejo, sin reflexión o razonamiento previo.
Las siguientes características son típicas de los pensamientos automáticos:
Son mensajes específicos, parecen taquigrafiados: compuestos por unas pocas y esenciales palabras o una imagen visual breve.
A pesar de ser irracionales casi siempre son creídos: tienen la misma credibilidad que si fueran impresiones directas de los sentidos.
Los pensamientos automáticos se viven como espontáneos: entran “de golpe” en la mente.
A menudo se expresan en términos de “habría de” “tendría que” o “debería”
Tienden a dramatizar: predicen catástrofes, ven peligros en todas partes y siempre suponen lo peor.
Son idiosincráticos: cada persona tiene sus propios y particulares pensamientos automáticos.
Son difíciles de desviar.
Son aprendidos.
Los trastornos psicológicos (entre ellos los trastornos de ansiedad), son el resultado de determinados y específicos errores cognitivos; pensamientos automáticos, ideas, creencias e interpretaciones erróneas, rígidas y absolutas de la realidad, que determinan emociones específicas.
Las personas con ansiedad interpretan la realidad como peligrosa o amenazante. Están preocupados continuamente por anticipar peligros.
Para las personas con depresión los eventos son siempre interpretados como pérdidas y daños a sí mismos.
Los sucesos no tienen un contenido emocional intrínseco, sino que somos las personas quienes interpretamos y etiquetamos todos los estímulos y situaciones de nuestra vida.
En la categorización y en la etiqueta elegida está la fuente de la emoción.
El terapeuta Albert Ellis, fundador de la terapia racional emotiva, propone el análisis del continuo diálogo interno según el modelo ABC.
A
B
C
Acontecimientos activantes
creencias, evaluaciones, ideas, pensamientos.
Interpretaciones acerca de A
Consecuencias de las creencias sobre A
Este modelo enfatiza la interpretación dada a los pensamientos (B), que determinan las diferencias en la reacciónde las personas (C) ante un mismo estímulo (A).
Si el pensamiento (B) es funcional, adaptativo y lógico, se lo considera “racional”.
Por el contrario, si dificulta el funcionamiento de la persona, es ilógico y provoca emociones desadaptativas, se lo considera “irracional”
La Reestructuración Cognitiva es la intervención terapéutica que apunta a que el paciente pueda mediante un debate, confrontar, poner a prueba, discutir y modificar sus creencias irracionales por otras mas racionales y adaptativas.
A partir de estas discusiones se van flexibilizando ideas rígidas y logrando visiones alternativas mas flexibles.
El paciente aprende a evitar suposiciones o inferencias personales acerca de los sucesos y se habitúa a buscar evidencias reales basadas en datos concretos de la realidad objetiva.
La flexibilización de los pensamientos y la reestructuración cognitiva permiten al paciente activar esquemas más funcionales, generando como resultado emociones y conductas más apropiadas y adaptativas.
Muchas veces nos preguntan si es mejor tomar medicación o cuál es el mejor fármaco para tratar determinado trastorno, como si existiera una pastilla milagrosa capaz de quitar de una vez y para siempre un trastorno de ansiedad. ¡Nada más alejado de la realidad!
Pero entonces,¿qué papel juega la medicación en el tratamiento de la ansiedad y el pánico?
Lo primero que diremos es que, el lugar que ocupa la medicación no es el que la mayoría de las personas que están en tratamiento le atribuyen.
Es importante asociar la medicación apropiada a una psicoterapia específica, la integración de ambas modalidades ha demostrado los resultados más eficaces en los estudios internacionales realizados sobre este particular.
Los procesos de la mente se llevan a cabo en el cerebro, éste es el órgano con el cual pensamos, sentimos y actuamos, tanto de manera conciente y voluntaria como inconciente e involuntaria.
Es decir, es imposible concebir a la mente y al cerebro por separado y más, cualquier acción terapéutica que se lleve a cabo en el cerebro (por ejemplo, la toma de una determinada medicación) va a terminar provocando cambios en la mente, en nuestros pensamientos, sentimientos y acciones (comportamientos, conducta).
A su vez, las psicoterapias, al actuar sobre los procesos mentales a través del aprendizaje, terminan generando cambios en el cerebro (en la arquitectura y el funcionamiento de las neuronas).
¿Qué sucede con la medicación después de que uno la ingiere?
Se absorbe en el tubo digestivo (estómago, intestinos), es decir, atraviesa sus paredes y entra a la sangre. Una vez allí, la mayoría de las drogas pasa por el hígado, se transforman en principios activos, y desde ahí, se distribuyen hacia el sistema nervioso.
Los psicofármacos actúan directamente sobre las neuronas (unidad anatómica y funcional del cerebro y de otras estructuras del sistema nervioso). Esta acción se ejerce sobre unas proteínas ubicadas, en la mayoría de los casos, en la superficie de las neuronas, llamadas receptores.
Imaginemos la acción de un fármaco sobre su receptor como una llave (fármaco) actuando en una cerradura (receptor) y provocando, mediante la apertura de esa cerradura, un efecto.
Normalmente, sobre ese receptor actúan muchas sustancias llamadas neurotransmisores (adrenalina, noradrenalina, serotonina, entre otras), justamente porque transmiten el estímulo (señal, mensaje, información) de una neurona a otra neurona.
La unión del neurotransmisor (o del fármaco) con su receptor, a su vez, desencadena una serie de acontecimientos moleculares (muy complejos como para explicar en pocas palabras) en el interior de las neuronas, que terminan por producir cambios en la expresión de los genes y, en consecuencia, en la arquitectura y el funcionamiento de las neuronas. Así, este grupo de neuronas comienzan a trabajar mejor, a procesar la información de manera más conveniente, generando conductas más adaptativas (por ejemplo no evitar un ascensor, estar en un cine, poder estar lejos de casa, preocuparse menos, etc.)
Otro mito al que nos enfrentamos con frecuencia es el siguiente:
“¿Tengo que tomar medicación de por vida?”
Cuando iniciamos un tratamiento con fármacos de ninguna manera manejamos como hipótesis que el mismo sea “de por vida”. En los casos en que el paciente atraviesa por la última etapa (de reestructuración cognitiva) de la Terapia Cognitivo Conductual, se puede, después de un lapso de aproximadamente un año y medio, ir retirando paulatinamente la medicación hasta interrumpirla por completo.
También nos preguntan a menudo sobre si la medicación puede generar adicción.
Tenemos que tener en cuenta lo siguiente, una situación es que necesitemos continuar tomando medicación porque el trastorno todavía está presente y, a pesar de estar haciendo una vida prácticamente normal y con síntomas menos intensos, persiste el miedo a tener una crisis de pánico, y otra situación bien diferente es la dependencia física o psicológica que pueden generar estas sustancias.
Hecha esta aclaración, podemos responder a la inquietud: si la medicación se interrumpe paulatinamente, y con control del médico psiquiatra (condición sine qua non)la posibilidad de un síndrome de abstinencia es muy baja o, más bien, nula.
Recordemos, entonces, lo siguiente:
1. La pastilla milagrosa no existe.
2. No es lo mismo utilizar cualquier tratamiento, hay determinados fármacos que han demostrado eficacia significativa en estudios diseñados para tal efecto, mientras que otros se utilizan por consejo de personas que no están capacitadas para evaluar que tratamiento es el más conveniente.
3. La medicación, en la gran mayoría de los casos, no tiene porqué tomarse de por vida.
4. Siempre debe estar indicada por un médico psiquiatra, quien debe ser, además, el encargado del seguimiento periódico del paciente.
5. Los psicofármacos, si se interrumpen de manera planificada y adecuada, no tienen por qué provocar un síndrome de abstinencia.
6. La medicación de ninguna manera reemplaza a la terapia cognitivo-conductual, sino que la complementa y mejora su eficacia, tal como lo muestran muchas investigaciones.
7. Tomar un psicofármaco, cuando es necesario y si está controlado por el médico, no sólo no es malo, sino que, por el contrario, es bueno, ya que acrecienta las probabilidades de recuperarse de una patología que afecta la vida normal.
8. Es un error pensar que solo los pacientes que están muy mal son los que toman medicación y, por el contrario, los pacientes mas leves no toman. Pues, la medicación se indica en base a otros parámetros, que generalmente no tienen que ver con la intensidad del trastorno.
En el tratamiento de los trastornos de ansiedad utilizamos casi invariablemente técnicas de exposición, tanto en vivo como imaginaria. El uso de estas estrategias tiene como objetivos:
la habituación, que implica que el sujeto se desensibilice y responda cada vez con reacciones menores de miedo y ansiedad a un estímulo temido,
la reestructuración cognitiva por intermedio de la confrontación de pensamientos distorsionados con los datos de la realidad,
el abandono de conductas de evitación que constituyen uno de los principales factores de mantenimiento de la ansiedad patológica.
La práctica de la exposición se planifica de manera gradual, generando un afrontamiento progresivo del estímulo temido. Según el trastorno de ansiedad con el que estemos trabajando y de acuerdo a las particularidades de cada persona y a las conductas que evite, los estímulos a los que se debe enfrentar un paciente serán diversos.
En el Trastorno de Pánico y en la Agorafobia serán habituales la evitación de situaciones en las cuales el paciente cree difícil escapar o recibir ayuda en caso de tener una crisis de pánico (cines, transportes públicos, lugares colmados de gente, etc.) o los chequeos constantes de los síntomas físicos de activación (frecuencia cardíaca y respiratoria, mareos, visión borrosa, hormigueos, etc.).
Quienes padecen un Trastorno de Ansiedad Social, intentarán no involucrarse en situaciones dónde resulten el centro de atención y puedan ser evaluados negativamente por otros (reuniones, fiestas, exposiciones públicas, citas amorosas, etc.).
Los fóbicos, según el caso, realizarán todo tipo de maniobras para no enfrentar una cucaracha, para viajar en micro en lugar de subir a un avión o para no pasar por la casa dónde hay un perro. Las personas con Trastorno de Ansiedad Generalizada, por medio de la preocupación excesiva, evitan confrontar con las imágenes mentales de las supuestas desgracias que anticipan todo el tiempo.
En el Trastorno por Estrés Postraumático, la evitación pasa por toda situación que recuerde o haga revivir el suceso traumático (lugares, sonidos, olores, etc.)
Entonces, deberemos generar junto con el paciente una detallada enumeración de las situaciones, conductas y estímulos evitados, a fin de elaborar una jerarquía (de menor a mayor) que nos sirva para planificar el trabajo de exposición. Esto se hace de manera gradual y progresiva. Quizás un paciente agorafóbico inicie sus tareas de afrontamiento acercándose a la boca del subte hasta lograr habituación sin avanzar más hasta la próxima sesión. O alguien con fobia social sólo intente al principio preguntar la hora en la calle.
Pero es importante puntualizar que no es lo mismo una exposición planificada que una espontánea. Es común que nuestros pacientes sean resistentes a realizar afrontamientos, algo entendible en función del incremento de ansiedad que generan, y planteen que lo harán cuando surja la oportunidad o la necesidad de hacerlo, o que nos relatan muy contentos haber podido enfrentar con éxito una situación potencialmente ansiógena a la que quedaron expuestos involuntariamente. Es nuestro deber como terapeutas explicarle al paciente las diferencias sustanciales entre ambos tipos de exposición. Es indispensable el pasaje por los afrontamientos planificados ya que son los únicos que nos permiten un trabajo sistemático y ponen en juego la ansiedad anticipatoria para tolerarla, los pensamientos automáticos negativos y distorsionados para confrontarlos y las creencias erróneas para reestructurarlas. La habituación, la desensibilización, se dan por la exposición gradual, progresiva y repetida al estímulo temido. Un correcta psicoeducación nos va a permitir ayudar al paciente a entender que lo que le proponemos es enfrentar montos tolerables de ansiedad a corto plazo como forma de lograr una mejor calidad de vida a largo plazo.