viernes, 28 de octubre de 2011

La Medicación: Mitos y Realidades



Muchas veces nos preguntan si es mejor tomar medicación o cuál es el mejor fármaco para tratar determinado trastorno, como si existiera una pastilla milagrosa capaz de quitar de una vez y para siempre un trastorno de ansiedad. ¡Nada más alejado de la realidad!

Pero entonces, ¿qué papel juega la medicación en el tratamiento de la ansiedad y el pánico?
Lo primero que diremos es que, el lugar que ocupa la medicación no es el que la mayoría de las personas que están en tratamiento le atribuyen.
Es importante asociar la medicación apropiada a una psicoterapia específica, la integración de ambas modalidades ha demostrado los resultados más eficaces en los estudios internacionales realizados sobre este particular.
Los procesos de la mente se llevan a cabo en el cerebro, éste es el órgano con el cual pensamos, sentimos y actuamos, tanto de manera conciente y voluntaria como inconciente e involuntaria.
Es decir, es imposible concebir a la mente y al cerebro por separado y más, cualquier acción terapéutica que se lleve a cabo en el cerebro (por ejemplo, la toma de una determinada medicación) va a terminar provocando cambios en la mente, en nuestros pensamientos, sentimientos y acciones (comportamientos, conducta).
A su vez, las psicoterapias, al actuar sobre los procesos mentales a través del aprendizaje, terminan generando cambios en el cerebro (en la arquitectura y el funcionamiento de las neuronas).

¿Qué sucede con la medicación después de que uno la ingiere?
Se absorbe en el tubo digestivo (estómago, intestinos), es decir, atraviesa sus paredes y entra a la sangre. Una vez allí, la mayoría de las drogas pasa por el hígado, se transforman en principios activos, y desde ahí, se distribuyen hacia el sistema nervioso.
Los psicofármacos actúan directamente sobre las neuronas (unidad anatómica y funcional del cerebro y de otras estructuras del sistema nervioso). Esta acción se ejerce sobre unas proteínas ubicadas, en la mayoría de los casos, en la superficie de las neuronas, llamadas receptores.
Imaginemos la acción de un fármaco sobre su receptor como una llave (fármaco) actuando en una cerradura (receptor) y provocando, mediante la apertura de esa cerradura, un efecto.

Normalmente, sobre ese receptor actúan muchas sustancias llamadas neurotransmisores (adrenalina, noradrenalina, serotonina, entre otras), justamente porque transmiten el estímulo (señal, mensaje, información) de una neurona a otra neurona.

La unión del neurotransmisor (o del fármaco) con su receptor, a su vez, desencadena una serie de acontecimientos moleculares (muy complejos como para explicar en pocas palabras) en el interior de las neuronas, que terminan por producir cambios en la expresión de los genes y, en consecuencia, en la arquitectura y el funcionamiento de las neuronas. Así, este grupo de neuronas comienzan a trabajar mejor, a procesar la información de manera más conveniente, generando conductas más adaptativas (por ejemplo no evitar un ascensor, estar en un cine, poder estar lejos de casa, preocuparse menos, etc.)

Otro mito al que nos enfrentamos con frecuencia es el siguiente:
“¿Tengo que tomar medicación de por vida?”
Cuando iniciamos un tratamiento con fármacos de ninguna manera manejamos como hipótesis que el mismo sea “de por vida”. En los casos en que el paciente atraviesa por la última etapa (de reestructuración cognitiva) de la Terapia Cognitivo Conductual, se puede, después de un lapso de aproximadamente un año y medio, ir retirando paulatinamente la medicación hasta interrumpirla por completo.

También nos preguntan a menudo sobre si la medicación puede generar adicción.
Tenemos que tener en cuenta lo siguiente, una situación es que necesitemos continuar tomando medicación porque el trastorno todavía está presente y, a pesar de estar haciendo una vida prácticamente normal y con síntomas menos intensos, persiste el miedo a tener una crisis de pánico, y otra situación bien diferente es la dependencia física o psicológica que pueden generar estas sustancias.
Hecha esta aclaración, podemos responder a la inquietud: si la medicación se interrumpe paulatinamente, y con control del médico psiquiatra (condición sine qua non) la posibilidad de un síndrome de abstinencia es muy baja o, más bien, nula.

Recordemos, entonces, lo siguiente:
1. La pastilla milagrosa no existe.
2. No es lo mismo utilizar cualquier tratamiento, hay determinados fármacos que han demostrado eficacia significativa en estudios diseñados para tal efecto, mientras que otros se utilizan por consejo de personas que no están capacitadas para evaluar que tratamiento es el más conveniente.
3. La medicación, en la gran mayoría de los casos, no tiene porqué tomarse de por vida.
4. Siempre debe estar indicada por un médico psiquiatra, quien debe ser, además, el encargado del seguimiento periódico del paciente.
5. Los psicofármacos, si se interrumpen de manera planificada y adecuada, no tienen por qué provocar un síndrome de abstinencia.
6. La medicación de ninguna manera reemplaza a la terapia cognitivo-conductual, sino que la complementa y mejora su eficacia, tal como lo muestran muchas investigaciones.
7. Tomar un psicofármaco, cuando es necesario y si está controlado por el médico, no sólo no es malo, sino que, por el contrario, es bueno, ya que acrecienta las probabilidades de recuperarse de una patología que afecta la vida normal.
8. Es un error pensar que solo los pacientes que están muy mal son los que toman medicación y, por el contrario, los pacientes mas leves no toman. Pues, la medicación se indica en base a otros parámetros, que generalmente no tienen que ver con la intensidad del trastorno.

Dr. Enzo Cascardo

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Técnicas de exposición: No es lo mismo lo espontáneo que lo planificado

En el tratamiento de los trastornos de ansiedad utilizamos casi invariablemente técnicas de exposición, tanto en vivo como imaginaria. El uso de estas estrategias tiene como objetivos:
  • la habituación, que implica que el sujeto se desensibilice y responda cada vez con reacciones menores de miedo y ansiedad a un estímulo temido,
  • la reestructuración cognitiva por intermedio de la confrontación de pensamientos distorsionados con los datos de la realidad, 
  • el abandono de conductas de evitación que constituyen uno de los principales factores de mantenimiento de la ansiedad patológica.
La práctica de la exposición se planifica de manera gradual, generando un afrontamiento progresivo del estímulo temido. Según el trastorno de ansiedad con el que estemos trabajando y de acuerdo a las particularidades de cada persona y a las conductas que evite, los estímulos a los que se debe enfrentar un paciente serán diversos.
En el Trastorno de Pánico y en la Agorafobia serán habituales la evitación de situaciones en las cuales el paciente cree difícil escapar o recibir ayuda en caso de tener una crisis de pánico (cines, transportes públicos, lugares colmados de gente, etc.) o los chequeos constantes de los síntomas físicos de activación (frecuencia cardíaca y respiratoria, mareos, visión borrosa, hormigueos, etc.).
Quienes padecen un Trastorno de Ansiedad Social, intentarán no involucrarse en situaciones dónde resulten el centro de atención y puedan ser evaluados negativamente por otros (reuniones, fiestas, exposiciones públicas, citas amorosas, etc.).
Los fóbicos, según el caso, realizarán todo tipo de maniobras para no enfrentar una cucaracha, para viajar en micro en lugar de subir a un avión o para no pasar por la casa dónde hay un perro. Las personas con Trastorno de Ansiedad Generalizada, por medio de la preocupación excesiva, evitan confrontar con las imágenes mentales de las supuestas desgracias que anticipan todo el tiempo.
En el Trastorno por Estrés Postraumático, la evitación pasa por toda situación que recuerde o haga revivir el suceso traumático (lugares, sonidos, olores, etc.)

Entonces, deberemos generar junto con el paciente una detallada enumeración de las situaciones, conductas y estímulos evitados, a fin de elaborar una jerarquía (de menor a mayor) que nos sirva para planificar el trabajo de exposición. Esto se hace de manera gradual y progresiva. Quizás un paciente agorafóbico inicie sus tareas de afrontamiento acercándose a la boca del subte hasta lograr habituación sin avanzar más hasta la próxima sesión. O alguien con fobia social sólo intente al principio preguntar la hora en la calle.
Pero es importante puntualizar que no es lo mismo una exposición planificada que una espontánea. Es común que nuestros pacientes sean resistentes a realizar afrontamientos, algo entendible en función del incremento de ansiedad que generan, y planteen que lo harán cuando surja la oportunidad o la necesidad de hacerlo, o que nos relatan muy contentos haber podido enfrentar con éxito una situación potencialmente ansiógena a la que quedaron expuestos involuntariamente. Es nuestro deber como terapeutas explicarle al paciente las diferencias sustanciales entre ambos tipos de exposición. Es indispensable el pasaje por los afrontamientos planificados ya que son los únicos que nos permiten un trabajo sistemático y ponen en juego la ansiedad anticipatoria para tolerarla, los pensamientos automáticos negativos y distorsionados para confrontarlos y las creencias erróneas para reestructurarlas. La habituación, la desensibilización, se dan por la exposición gradual, progresiva y repetida al estímulo temido. Un correcta psicoeducación nos va a permitir ayudar al paciente a entender que lo que le proponemos es enfrentar montos tolerables de ansiedad a corto plazo como forma de lograr una mejor calidad de vida a largo plazo. 
Lic. Diego Tzoymaher

lunes, 8 de agosto de 2011

Estrés, Ansiedad e Infertilidad (Primera Parte)

Cada vez son más los especialistas en medicina reproductiva que nos piden colaboración a nosotros, los psicólogos, para entrenar a pacientes en el manejo del estrés y la ansiedad que implica atravesar por tratamientos de reproducción asistida. Tratamos pacientes con trastornos de ansiedad previa al diagnóstico de infertilidad, y tratamos pacientes con sintomatología debido al estrés y a la crisis vital que implica dicho diagnóstico. 

En el consultorio, los pacientes nos preguntan cómo influyen la ansiedad y el estrés en la fertilidad. A ellos, por su gran fortaleza y necesidad de entender lo que les sucede, está dedicado este artículo.

Desde el momento del diagnóstico, durante la fase de tratamiento y hasta el momento del resultado, el estrés está presente en los pacientes. Las emociones se confunden y van de la esperanza a la desesperanza, de la ilusión a la desilusión, hasta la incertidumbre y el temor a lo desconocido. Una vez una paciente lo describió muy bien: “Siento que desde que empecé con los tratamientos, mi vida está en stand by”.

Todo este proceso puede provocar alteraciones en lo emocional, físico, profesional, social y sexual de las parejas, lo que genera un circulo vicioso que puede terminar alterando a la propia capacidad de gestación, disminuyendo aún más la probabilidad de éxito de los tratamientos de fertilidad. 

¿Qué se sabe hasta el momento?
 
Sabemos que el estrés es la causa principal de abandono de los tratamientos de fertilidad.

Los efectos de este particular estrés en la calidad de vida de la pareja tienden a ser sustancialmente mayores en las mujeres que en los hombres (Guerra y cols, 1988).

Lemmens y cols. (2004) y Alper y cols. (2002) realizaron estudios concluyentes acerca de la necesidad de que las parejas sometidas a técnicas de reproducción asistida tengan soporte psicológico antes, durante y después del tratamiento, debido a la ansiedad y la sensación de pérdida de control, que se traduce en síntomas psicosomáticos en ambos miembros de la pareja.
Existen estudios que demuestran que las parejas con problemas de fertilidad tienen una mejor respuesta al tratamiento médico cuando éste incluye un apoyo psicológico. Domar y cols. (1999) demostraron que un programa para disminuir el estrés psicológico está asociado con un mayor porcentaje de embarazos viables en tratamientos de infertilidad.

Asimismo, aunque la relación entre niveles de ansiedad y la probabilidad de éxito de los tratamientos no es concluyente, muchos autores hallaron una relación estadísticamente significativa entre el papel de la intervención psicológica y el número de concepciones (Alice Doman et al. (1990, 1992), Annette L. Stanton & Christine Dunkel-Schetter (1991), Jane Read (1995) o Sandra & Leiblum (1997) entre otros) .

También sabemos que los factores que influyen positivamente en los tratamientos son:
  • Mantener bajos niveles de estrés.
  • El apoyo de la pareja.
  • Un alto grado de confianza en el tratamiento y expectativas positivas con respecto a sus resultados.
En un estudio de 1991, Sabourin y colaboradores concluían que “las parejas que tienen mejor ajuste personal, marital y social son las que mejor se integran en los programas de Reproducción Asistida, mejores resultados obtienen y mayor satisfacción expresan”.

¿Qué aporta la Terapia Cognitivo Conductual (TCC)?

Cualquier intervención psicológica debe apuntar a reducir el estrés asociado a la infertilidad, explorar los sentimientos de pérdida y ayudar a que el paciente pueda expresarlos.

La TCC aplicada a la infertilidad aporta ejercicios destinados al manejo de la ansiedad, entrenamiento en técnicas de autocontrol y reestructuración de pensamientos negativos, y estrategias de afrontamiento centradas en el problema, que incluyen la búsqueda de información, la planificación del tiempo y de los períodos de espera, los descansos entre tratamientos, etc. Otro aspecto importante es mejorar la comunicación y las estrategias de resolución de problemas que utiliza la pareja para hacerle frente a esta situación.

Muchas veces, la etapa de diagnóstico conlleva una gran incertidumbre acerca de las causas que generan la infertilidad. Es importante recalcar la importancia de la búsqueda de información en esta etapa, acerca de los tiempos, los procedimientos y la probabilidad de éxito del tratamiento. Muchas veces, la ansiedad de los pacientes (y lamentablemente, a veces de los propios médicos) por iniciar el tratamiento, lleva a saltearse pasos en el diagnóstico e incurrir en tratamientos que están destinados a fallar desde un comienzo. Son tantas las variables que hoy por hoy se pueden manipular gracias al avance de las técnicas de fertilidad, que esto muchas veces lleva a los pacientes a pensar que las probabilidades de éxito son mayores a las reales. Poder ayudar a los pacientes a procesar todo esto es nuestra tarea. 

La investigación científica ha demostrado que aprender y practicar estrategias cognitivo-conductuales ayuda a disminuir los síntomas físicos, el estrés y la ansiedad, y los sentimientos de tristeza, aislamiento y enojo. El manejo de estas variables psicológicas puede influir positivamente en los resultados de los tratamientos de reproducción asistida, lo que hace del abordaje interdisciplinario la mejor elección.

Lic. Cecilia Veiga

jueves, 23 de junio de 2011

Claustrofobia: El miedo al encierro


La claustrofobia (del latín claustrum -cerrado- y el griego φόβος, -fobia, miedo-) está considerada, por el Manual diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV), como una fobia específica dentro de los trastornos de ansiedad.
Las fobias específicas se caracterizan por un temor excesivo o existente a un objeto o situación. El hecho de tener que enfrentarse a esta situación provoca en personas con esta dificultad, síntomas de ansiedad.  De este modo, estas situaciones son evitadas o enfrentadas con mucho malestar.
Los temores asociados a estos escenarios son irracionales y excesivos, estando en presencia del estímulo real o con el simple hecho de anticiparse a la situación.

En este sentido, podemos ubicar a la claustrofobia dentro de las fobias específicas del tipo situacional.
En este caso, el temor está relacionado con diversas situaciones en las cuales los temores de quedar encerrado, atrapado o incapacitado para salir juegan un rol dominante.
Sin embargo, no solo se presenta como un miedo a los espacios cerrados, sino que las personas que padecen claustrofobia  lidian con la idea de asfixiarse por creer que no hay suficiente aire en ese lugar.
La mayoría de los espacios pequeños y cerrados suponen un riesgo de quedarse encerrado, como pudiera pasar en un ascensor, y una limitación de los movimientos, por lo que las personas con claustrofobia pueden sentirse muy vulnerables al limitarse en su actividad.  Es notable la connotación acerca de qué tipo de ascensores generan un miedo mayor: las personas con claustrofobia suelen llamar a esta clase de ascensores “herméticos”, siendo que en realidad, este tipo de ascensores no existe.  Los ascensores pueden ser cerrados o abiertos, pero en ningún caso una persona puede quedarse sin aire dentro de ellos.

Cuando una persona que sufre claustrofobia anticipa que va a entrar, o entra, en un espacio cerrado, experimenta una reacción de ansiedad intensa como falta de aire, palpitaciones o mareo. Debido a estos síntomas, normalmente se evitan los espacios cerrados. Por ejemplo, subir por las escaleras 12 pisos antes que usar el ascensor, negarse a que le practiquen una tomografía incluso cuando es necesario, no utilizar el tren o el subte, no bajar a sótanos, serían algunos casos.
En cuanto a la ansiedad, la respuesta de esta disminuye considerablemente cuando la persona abandona el sitio cerrado.
Los síntomas pueden incluir aquellos típicos de un ataque de pánico:
  • Sudoración 
  • Palpitaciones 
  • Sensación de falta de aire o hiperventilación 
  • Temblores 
  • Embotamiento o miedo al desmayo 
  • Escalofríos 
  • Hormigueos 
  • Náuseas 
  • Sensación de tener miedo, terror, pánico.
Quienes padecen de claustrofobia, no solo sufren los síntomas mencionados en los espacios típicos, sino que a raíz de ello se ve afectada su calidad de vida, puesto que se trata de espacios integrados para la vida social y cotidiana.

Tratamiento:
El tratamiento que ha mostrado mayor eficacia es la Terapia Cognitivo-Conductual, mediante la cual se intenta focalizar y desafiar los pensamientos distorsionados que llevan a la aparición de la ansiedad patológica.
Las personas que sufren de claustrofobia exageran la posibilidad de que ocurra algo grave o terrible al tener que enfrentar la situación temida.  Sienten y piensan que no tienen herramientas ni recursos suficientes para hacerle frente. 
El tratamiento brinda técnicas para reducir la ansiedad, tales como la exposición en vivo (la persona afronta en repetidas ocasiones la situación temida con la ayuda de nuevos recursos y herramientas para manejar la ansiedad), la desensibilización sistemática (establece una jerarquía de situaciones temidas afrontándolas progresivamente de menor a mayor), la respiración diafragmática o abdominal (es una  técnica respiratoria que favorece la relajación), y además, técnicas de imaginería y relajación muscular. 
Es importante mencionar que, para el tratamiento de la claustrofobia, es poco frecuente la utilización de psicofármacos, debido a que quienes padecen esta enfermedad logran la recuperación en un alto porcentaje y en un corto periodo de tiempo, mediante la implementación de las técnicas mencionadas.

Lic. Santiago Raggio

martes, 14 de junio de 2011

IX Seminario Anual de la AATA

El día viernes 10 de junio se realizó en la sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza de la Ciudad de Buenos Aires el IX Seminario Anual de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad (AATA).

Como todos los años, se reunieron allí los principales especialistas en materia de trastornos de ansiedad del país para hacer una puesta al día de las novedades relacionadas con estas patologías.

Con una asistencia masiva durante toda la jornada, el seminario ofreció un programa amplio que cubrió aspectos tanto médico-farmacológicos como psicoterapéuticos.

Los presidentes honorarios de la AATA, los doctores Alfredo Cía y Miguel Márquez, tuvieron a cargo la apertura y cierre de la jornada disertando sobre reflexiones, planteos novedosos y comorbilidad en trastornos de ansiedad.

El presidente entrante de la asociación, Dr. Daniel Bogiaizian, junto con el saliente, Dr. Enzo Cascardo, compartieron mesa junto con Dr. Fernando García exponiendo sobre Trastorno de Ansiedad Generalizada, ansiedad en el ámbito del trabajo y aspectos motivacionales en el tratamiento.

En el siguiente simposio, cuya temática fue la ansiedad en la infancia, las doctoras Beatriz Moyano y Carolina Remedi junto con la licenciada Susana Nofal, expusieron sobre el tratamiento del trauma y sobre los orígenes fetales y el desarrollo temprano de los trastornos de ansiedad y su espectro.

Promediando la jornada, los doctores Carlos Soria y Andrea López Mato tuvieron a cargo sendas conferencias sobre aportes genómicos de los trastornos de ansiedad y sobre la relación entre ansiedad y género.

A continuación, tuvieron lugar dos simposios que abordaron temas ampliamente relacionados con los trastornos de ansiedad: las intervenciones estéticas, el estrés y el corazón. En el primero, el psiquiatra Ricardo Pérez Rivera junto con el cirujano plástico Fabián Pérez Rivera y el licenciado Manuel Tomé disertaron sobre las intervenciones estéticas y los riesgos que implican en personas con patologías específicas como el Trastorno Dismórfico Corporal. En el segundo, la Lic. Mirta Laham, y los doctores Daniel López Rosetti y Fernando Taragano tuvieron a cargo una mesa en la que se discutió acerca del abordaje del paciente coronario en relación a los trastornos de la ansiedad y al estrés.

Como última actividad, antes de la charla final del doctor Márquez, se presentó la mesa sobre personalidad y ansiedad a cargo de los doctores Gustavo Bustamante, Pablo Gagliesi y Alicia Portela.

Una vez más, el seminario anual de la AATA resultó un espacio de gran importancia para la actualización de los profesionales que nos especializamos en trastornos de la ansiedad y buscamos estar al tanto de las últimas novedades en el tema.

Lic. Diego Tzoymaher

martes, 26 de abril de 2011

¿Los niños pueden ser ansiosos?

Dentro de los trastornos psicológicos, los trastornos de ansiedad en la infancia son los cuadros más frecuentes. Alcanzan entre un  5 – 18%. Las niñas son más afectadas que los varones. Aproximadamente la mitad de los niños y adolescentes con trastornos de ansiedad tienen un segundo trastorno de ansiedad o un trastorno mental o del comportamiento.
En la consulta, cuando evaluamos a un niño, no debemos dejar de pensar en su entorno, su familia, el colegio, amigos cercanos, etc.; para poder realizar un diagnóstico y un tratamiento adecuado.
Los trastornos de ansiedad tienen, entre otros, un origen neurobiológico y una vulnerabilidad genética que hacen que un niño con este trastorno posea altas probabilidades de tener, por lo menos, uno de sus padres con un trastorno de ansiedad.
Los niños que tienen una mayor actividad en ciertas áreas del cerebro (llamadas hipocampo anterior y la amígdala), y que puede resultar hereditaria, tienen una mayor predisposición a desarrollar trastornos depresivos y de ansiedad, así como problemas de abuso de drogas, cuando lleguen a la adolescencia y la edad adulta, según ha determinado una investigación de la Universidad de Wisconsin.

En la cultura occidental, cuando un hijo demuestra temor o inseguridad, los padres instintivamente responden protegiéndolo y evitándole la situación de temor y exposición. Luego de un tiempo el niño se encuentra cada vez con menos recursos para enfrentar lo temido y por ende reafirmará su idea de que no puede ni podrá, perpetuándose así un circuito de sostenimiento de la ansiedad. La conducta sobreprotectora de los padres sostiene los síntomas de ansiedad de los niños.
Los trastornos de ansiedad infantil suelen estar asociados a otro trastorno de ansiedad. Todo niño que esté pasando por dificultades de este tipo, será reticente a irse a dormir,  y tendrá insomnio de conciliación. Muchas veces sus ideas de miedo serán amplificadas cuando cierra los ojos. Los pensamientos dominan la conciencia en forma obsesiva y no permiten que el niño se relaje y se duerma.
Las formas de presentación se dan muy entremezcladas y es muy común encontrar síntomas de varios tipos de trastornos de ansiedad a la vez.

La sintomatología más frecuente es la del trastorno de ansiedad por separación, la cual se manifiesta fundamentalmente en el ingreso a la escuela primaria. Las características de este trastorno son las siguientes:
  • Prevalencia: 2.4 a 5.4 %.
  • Representa hasta un 50 % de la población infantil con trastornos de ansiedad.
  • Presenta dolores somáticos frecuentes.
  • El 95% alcanza la remisión, pero estos niños tienen alta posibilidad de desarrollar otro trastorno de ansiedad o trastorno del estado de ánimo en el futuro.
El trastorno se caracteriza porque estos niños sienten un  miedo intenso a separarse de uno de los padres o a perderlo. A menudo el miedo subyacente a separarse del progenitor se traduce en reticencia a quedarse solo, o en pesadillas relacionas con esta separación. A los niños y adolescentes con este trastorno les cuesta ir al colegio, participar en actividades extraescolares, como cumpleaños, campamentos, o dormir fuera de la casa.
Los niños se niegan a separarse de sus padres, refiriendo temores excesivos que los llevan a crisis de angustia desmedidas y de difícil manejo para los padres.

El cuadro que sigue en frecuencia es el trastorno de ansiedad generalizada:
  • Representa un alto porcentaje de los cuadros de ansiedad en la infancia con igual expresión en ambos sexos.
  • La prevalencia en la infancia se estima aproximadamente en 3%
  • La asociación con otro cuadro de ansiedad es casi la regla
  • Los niños son descriptos como muy cautelosos y “pegotes” a sus padres.
Suelen manifestar este trastorno a través de cuadros somáticos, como palpitaciones, falta de aire, sudoración, dolor de cabeza,  aunque el principal síntoma de este cuadro es el dolor abdominal difuso. Estos síntomas son reales somatizaciones de ansiedad, y no manipulaciones como muchas veces se concluye.
Estos síntomas afectan fundamentalmente el rendimiento académico. La máxima expresión se da en situaciones de evaluación, donde el niño sufre muchísimo.

Otro cuadro que cada vez encontramos con más frecuencia es el trastorno de pánico, sobre todo en la adolescencia. Los síntomas no difieren de los del adulto, aunque predomina la sintomatología somática más que la cognitiva- catastrófica.

Existe también el mutismo selectivo, cuadro de vital importancia en la infancia. Se ha relacionado a estos niños como los antecesores de los adultos con trastorno de ansiedad social (fobia social). Estos niños se niegan a hablar  en situaciones sociales donde se espera  que esto suceda. Generalmente este trastorno se hace evidente en el jardín de infantes. Participan de los juegos pero no verbalmente. Obviamente antes de arribar a este diagnóstico deben descartarse otras patologías como problemas de audición y lenguaje.

Otro cuadro es el trastorno por estrés postraumático. Los niños son una población muy vulnerable. Están expuestos a situaciones de violencia tanto o más que los adultos. Habría que preguntarse cuántos de los niños lo desarrollarán luego de haber sido expuestos a una situación traumática. Algunos datos sugieren que el 100% de los niños que fueron testigos de un homicidio o de un ataque sexual, desarrollarán este trastorno. En los niños, los recuerdos suelen aparecer de manera intensa y recurrente, en forma de imágenes. Son muy frecuentes las pesadillas. También suelen evitar conversar del suceso o realizar actividades que afloren el recuerdo del evento traumático.

También debemos tener en cuenta al  trastorno obsesivo compulsivo. Se caracteriza por pensamientos intrusivos, repetitivos, o imágenes que aumentan la ansiedad, y por comportamientos estereotipados, rituales o actos mentales destinados a neutralizar la ansiedad.
La edad de comienzo se sitúa alrededor de los 8 años. La mayoría de los adultos con este trastorno refiere haberlo sufrido desde su infancia. La transmisión genética es muy alta. Generalmente los niños que padecen este trastorno tienen una actitud de irritabilidad constante, se manifiestan demandantes  con los padres, y suelen poner a la familia al servicio de sus obsesiones y compulsiones. Es común que este trastorno tenga una alta asociación, con otros trastornos de ansiedad, con tics, síndrome de Tourette, síntomas psicóticos, trastornos del lenguaje.

Una vez que se realiza una evaluación diagnóstica, se decidirá cuál es el tratamiento más adecuado para el paciente. En la actualidad  la Terapia Cognitivo-Conductual podría considerarse una alternativa de elección, ya que ha demostrado ser superior a otras técnicas.  Es muy importante el trabajo con la familia y con la institución escolar  a la que concurre el niño. También, en caso de considerarse necesario, puede utilizarse medicación, siempre bajo la supervisión de un médico especialista en trastornos de ansiedad en la infancia.
Dra. Carolina Quantin

martes, 5 de abril de 2011

Exposición en vivo: Su utilidad en las fobias


A la fobia se la define como un miedo irracional o excesivo, acompañado de ansiedad, con la consecuente evitación del objeto o situación temidos.

La clasificación actual las divide en fobias de tipo animal (perros, arañas, cucarachas…), situacional (tormentas, aviones, lugares cerrados…), sangre y heridas, y otras, más infrecuentes (muñecos, botones…). Por otra parte, también existe la fobia social (miedo a la crítica, burlas…)

La Exposición en Vivo (EV) a los estímulos temidos es el tratamiento psicológico más eficaz actualmente disponible para hacer frente a las conductas de evitación en las fobias.  Es un técnica que trata de acercarse gradualmente al objeto o situación temidos, con el fin de acostumbrarse a la ansiedad, es decir, comprobar que se la puede tolerar. Este principio se denomina habituación.

No se cuenta con una única explicación sobre qué elementos actúan específicamente en la exposición para lograr la reducción del miedo. Sí se puede afirmar que en el resultado están implicados múltiples factores.

Las sesiones de EV prolongadas son más eficaces que las sesiones cortas en la mayoría de los casos. Puede ser aconsejable proseguir la exposición hasta que los pensamientos negativos desaparezcan, así como también el deseo de escapar. En aquellos casos que las situaciones tengan una duración limitada (como ocurre al subir un ascensor o hacer filas), la solución radica en repetirla hasta lograr el objetivo.

Si no pueden utilizarse largas sesiones de EV, se recomienda utilizar un enfoque de aproximación más gradual, en el que no se generen altos niveles de ansiedad. Esto se consigue permitiéndose escapar de la situación temida, para luego retornar a ella. Lo que no es aconsejable, es el escape prolongado del objeto o situación temidas.

Las conductas de evitación pretenden prevenir consecuencias amenazantes, impidiendo comprobar que éstas generalmente no se dan, y esto ayuda a mantener la ansiedad. En cambio, las conductas de afrontamiento van dirigidas a manejar la ansiedad, comprobando que si bien es incómoda no es peligrosa.

Existe consenso en cuanto a que las personas mejoran más cuando se implican y comprometen en la EV, atendiendo y procesando emocionalmente las señales de miedo,  que cuando las pasan por alto, las desatienden o las evitan cognitivamente.

Se supone que la implicación en la EV permite que las representaciones centrales del miedo puedan ser accedidas en mayor medida y procesadas, lo que conduce a la habituación de las respuestas emocionales. Otra teoría es que la implicación en la EV proporciona un sentido de control que es esencial  para conseguir un cambio afectivo, el cual a su vez lleva a una reducción de la ansiedad.

Hay que tener en cuenta que la EV requiere un esfuerzo continuado durante varios meses, variando en cada caso en particular, y también, que implica el tolerar cierto monto de ansiedad y malestar.

La EV resulta más eficaz en los días “complicados”, ya que es entonces cuando son más necesarias las experiencias de aprendizaje. Ahí es cuando se puede producir la falta de confirmación de los síntomas, ataques de pánico esperados y otras consecuencias temidas.

Las actividades realizadas durante la exposición deben hacerse sin prisa, ya que la precipitación es negativa, o bien constituye una estrategia defensiva o incrementa la activación.

Para el acompañante de la persona que realiza la EV, en el caso de haberla, es importante que lo aliente, que lo halague, tranquilice, que le converse para distraerlo, que utilice el humor, el contacto físico, sugerencias y recordatorios del procedimiento del tratamiento y  de la importancia de mantener la EV.

Deben elegirse tareas de exposición que tengan un impacto positivo. Por ejemplo, para una persona con agorafobia que gusta del arte, conviene comenzar con un objetivo de llegar, luego entrar, para finalmente recorrer un museo, antes que visitar un shopping que no es de su agrado, es probable que le resulte más efectivo y placentero.

Si bien estas son claves generales, no hay que olvidar que cada persona es única, con una historia particular del problema, con su personalidad, recursos, apoyo, etc. Cada uno tiene que encontrar su ritmo y perseverar hasta superar sus conductas de evitación.

Es importante tener en claro que el proceso no es lineal, sino que hay altibajos. Aparte de otros posibles retrocesos, es frecuente que en las primeras etapas de la EV haya una cierta recuperación de la ansiedad, aunque esto tiende a disminuir con el avance de las exposiciones.


Guía de Ayuda para la Exposición en Vivo


Cuanto mayor es el miedo, con más frecuencia deben exponerse a ello.

La clave del éxito es la exposición regular y prolongada a tareas planeadas con anterioridad y con un grado de dificultad creciente. 
Para lograrlo:

  • Hacer una lista con las situaciones que evita o que le producen ansiedad, siendo los objetivos claros y precisos.
  • Ordenarlos según el grado de dificultad que le supone enfrentarse a ellas.
  • Repetir la práctica de esta situación todas las veces necesarias hasta que pueda manejarlas sin dificultad.
  • No subestimar los logros. Minimizar los éxitos hace que uno se sienta mal, y es un obstáculo para seguir intentándolo.
  • Generalmente sumando pequeños logros es como se obtienen los grandes.
Lic. Veronica Tamburelli

sábado, 5 de marzo de 2011

Talleres de Habilidades Sociales: su utilidad en el tratamiento de la Fobia Social

La experiencia clínica en Terapia Cognitivo-Conductual grupal con pacientes que padecen Trastorno de Ansiedad Social, demuestra que resulta indispensable atravesar por un abordaje grupal, que brinde herramientas específicas para la recuperación en este tipo de trastorno.
Estos recursos, por ser específicamente grupales, no encuentran el marco de expresión dentro de una psicoterapia exclusivamente individual.
Son ventajas específicas de la Terapia Grupal su naturaleza educativa y didáctica, el ahorro de tiempo y el menor costo para el paciente.
Asimismo, los componentes esenciales, responsables del cambio, residen en la interacción directa con los pares, el efecto de modelado, el reforzamiento instrumental, la exposición en vivo, la retroalimentación, potenciación y contención, recursos que por su especificidad requieren formato grupal.

En los primeros encuentros grupales los pacientes suelen estar  inhibidos, tanto conductual como  cognitiva y emocionalmente.
Esto se evidencia en conductas tales como: falta de contacto visual, conversación acotada, respuestas cerradas, mirada hacia abajo, postura encorvada, actitud pasiva y síntomas de activación fisiológica como sudoración, tensión, ruborización, carraspeo e inquietud. Se los observa inseguros, aprehensivos, dubitativos, angustiados y ansiosos.
Luego de ahondar en su forma de evaluar los acontecimientos, vemos que predominan pensamientos de tipo catastrófico, personalización, polarización, filtraje e interpretación del pensamiento.

A partir de los primeros ejercicios de cohesión, comienzan a disminuir los niveles de ansiedad y se evidencian conductas de mayor interacción en el grupo y con los terapeutas; más fluidez en el habla, tono de voz  adecuado y contacto visual más directo.

La resistencia a participar de las diversas actividades propuestas también va disminuyendo. Las técnicas de modelado y retroalimentación juegan aquí un papel central, ya que actúan como incentivo para la desinhibición.
Con el correr de las sesiones se va generando y alimentando la cohesión grupal, lo que permite la generalización de los logros dentro del taller y hacia la vida cotidiana.
En este punto, y luego de haber trabajado afrontando sus temores dentro del espacio de taller, los pacientes se encuentran más preparados para afrontar situaciones similares en la vida real, dado que cuentan con estrategias cognitivo-conductuales más eficaces.

En la fase final se consolida la cohesión grupal , y se verifica una mejora evidente en las habilidades sociales.

Los objetivos generales del taller de Habilidades sociales son:
  1. Incrementar la cantidad y calidad de las habilidades sociales. 
  2. Disminuir la ansiedad en interacciones sociales.
  3. Modificar las cogniciones y pensamientos distorsionados.

Estos talleres tienen una frecuencia semanal, las sesiones duran una hora y media y los pacientes realizan un total de 16 sesiones coordinadas por dos terapeutas cognitivo-conductuales.

Principales componentes en los que radica la efectividad del tratamiento:

El aprendizaje vicario:
El formato de grupo permite, a cada paciente, observar cómo los otros miembros utilizan las estrategias que se les están enseñando. La experiencia de escuchar cómo los otros pacientes emplean las técnicas de autoayuda, suele ser un importante elemento de motivación.
El verse reflejado en una persona con similares dificultades supone un efectivo sistema de aprendizaje. (una persona que se asemeja al paciente supone un modelo de enseñanza mas efectivo). 

El compromiso público:
El simple hecho de declarar a otra persona la intención que se tiene de cambiar, parece incrementar la posibilidad de que tal cambio ocurra. En un grupo, este compromiso es aun mayor, porque se realiza de una manera pública.

Estímulo a través del cambio en los otros: 
Cuando un paciente contempla cómo van modificándose las conductas de las otras personas y, a su vez, forma parte de ese sistema de cambio, se generan en él una serie de expectativas positivas y la motivación para el cambio personal aumenta de modo significativo.
Lic. Florencia Puccio

martes, 15 de febrero de 2011

Estrés y Sexualidad

Las exigencias de la vida moderna nos impulsan a ser impiadosos con nosotros mismos: nos ponemos objetivos para cada etapa vital, organizamos el trabajo y lo cotidiano, pensamos en proyectos a futuro, intentamos conseguir la resolución inmediata de los problemas, nos proponemos retos personales… en síntesis, vivimos inmersos en una sumatoria de respuestas preparadas para ajustarnos exitosamente a las demandas del entorno.
Pero no somos dioses para encarar todos los desafíos y sin embargo, actuamos como si lo fuéramos. Perdemos conciencia de los límites que impone la capacidad humana. Generar comportamientos  asertivos con los problemas del día a día. Si bien estamos aptos para encarar lo imprevisto, hacemos lo imposible para convertir lo incierto en certeza plena.

¿Qué es el estrés?
Este desafío cotidiano y poco concreto conlleva a lo que se ha conceptualizado como estrés, o para ser más precisos, distrés.
Existe un determinado nivel de estrés que podemos considerar “normal”, sentir tensión frente a decisiones difíciles que debemos tomar o sentir miedo frente a un peligro real. 
Hay un estrés que nos ayuda a prepararnos para situaciones imprevistas, pero cuando la autoexigencia supera las posibilidades de cumplir con las metas impuestas, las tensiones se convierten en crónicas, excesivas, inhabilitantes y conducen a la angustia, estamos hablando del distrés.
El doctor Hans Selye, experto en estrés, define al distrés como “la proporción de deterioro y agotamiento acumulado en el cuerpo”.
La causa del estrés se atribuye a cualquier situación que una persona perciba como una prueba o amenaza que exija un rápido cambio, por lo tanto, es importante la posición mental frente a la evaluación de los factores o acontecimientos estresantes.

¿Cómo respondemos ante el estrés?
Las respuestas son físicas, cognitivas y conductuales. Entre las respuestas físicas se pueden identificar tres fases: alarma,  resistencia y  agotamiento.
El estado de alarma se produce cuando el cerebro percibe el factor causante de estrés. Inmediatamente envía mensajes a la glándula pituitaria, la cual inicia la segregación de una hormona que induce a otras glándulas a la producción de adrenalina. El efecto de la adrenalina es poner a todo el cuerpo en alerta, desencadenándose como respuesta lucha-huida, algunos de los siguientes síntomas: pulso rápido, aumento de la sudoración, estómago contraído, músculos en tensión, mandíbulas cerradas, respiración entrecortada, emociones intensas.
Estas reacciones de tipo físico son comunes a todos los mamíferos, pero en los seres humanos, la dimensión compleja de la mente permite interpretar las diferentes situaciones y generar una gran variedad de reacciones.
Entre los síntomas cognitivos mas frecuentes y generalizados observamos: incapacidad para concentrarse, dificultad para tomar decisiones, ideas fulgurantes, perdida de confianza en sí mismo, irritabilidad, insatisfacción, preocupaciones y ansiedad.
Respecto a los cambios conductuales podemos mencionar: tabaquismo, mayor consumo de medicamentos o alcohol, tics nerviosos, trastornos de la alimentación, trastornos del sueño, agresividad y anhedonia (incapacidad de sentir placer).

Distrés y sexualidad
Según Helen Kaplan “la depresión, el estrés y la fatiga pueden dañar de un modo profundo la sexualidad”. En este marco, el deseo sexual deviene nulo o escaso, el cuerpo se aleja de las emociones y se insensibiliza debido a alteraciones neurobiológicas que provocan la disminución de endorfinas. Éstas actúan como verdaderos mensajeros químicos y aumentan o disminuyen la capacidad de comunicación entre las células nerviosas. Cada vez que se experimenta placer, se ponen en juego las endorfinas: a menor producción de endorfinas aumenta el displacer y hay menos percepción de estímulos; a mayor estrés disminuye la libido.
Pero además el estrés hace que aumente el nivel de cortisol (hormona esteroide producida por la corteza suprarrenal) en la sangre. El alto nivel de cortisol reprime la mayoría de las funciones orgánicas, incluyendo las sexuales y reproductivas.
El estrés afecta la sexualidad según cada persona, pero acuerdo a las consultas recibidas, en el hombre los síntomas más frecuentes son disfunción eréctil, eyaculación precoz o retraso eyaculatorio y en la mujer anorgasmia e inhibición del deseo sexual, temas que desarrollaremos próximamente.
Lic. Patricia Rodriguez

viernes, 21 de enero de 2011

Familiares de Personas con Trastornos de Ansiedad: ¿una ayuda o un obstáculo?

Ya es tema sabido que la mayoría del las personas que padecen algún trastorno de ansiedad han tenido padres sobre-protectores. Cuando hablamos de sobre-protección decimos que han sido más protectores de lo necesario. Eso contribuye a generar miedo por dos motivos: primero porque se transmite una constante alarma en situaciones donde no hay un peligro real o está sobredimensionado, y por otro lado el mensaje repetitivo de que si están lejos de sus padres el peligro es aun mayor, es decir, “si estas cerca mío, nada malo puede pasarte”, “yo te cuido y protejo de los peligros de este mundo”. Esto va disminuyendo la autonomía, seguridad personal y sobre todo su auto-validez. Van creciendo con la idea de que ellos solos no pueden y muchas veces eligen parejas que les brinden la misma seguridad que sus padres. Aquí se dividen en 2 grupos: los que logran “separarse” de sus padres y depositar su seguridad en sus parejas, y los que no lo logran, entonces aun en pareja siguen sintiéndose seguros con alguno de sus padres o ambos.

Los pacientes con trastornos de ansiedad consultan en general con estos antecedentes; nosotros, en principio, al tener un modelo de trabajo terapéutico de aquí y ahora, no intervenimos demasiado en eso pero lo dejamos pendiente para otra instancia del tratamiento. Utilizamos técnicas cognitivo-conductuales; en lo cognitivo se apunta a modificar las creencias, los pensamientos que sostienen los miedos. Ej.: si uno aprende desde chico que cada vez que sale a la calle está en peligro porque lo pueden robar, lastimar, secuestrar, etc., es probable que cuando sea más grande desarrolle temor a salir a la calle porque aprendió que salir de casa y alejarse es peligroso. 

En cuanto a la parte conductual del tratamiento, se programan lo que se llama afrontamientos que consiste en exponer progresivamente al paciente a las situaciones temidas. Siguiendo el ejemplo citado anteriormente, si la persona tiene miedo a salir por temor a descomponerse o tener un ataque de pánico, vamos a pedirle que salga a la puerta, se quede un rato y luego entre a su casa y así vamos armando una escala de menos a más donde va a exponerse semana a semana y logrando alejarse de poco de su hogar, poniendo como objetivo que la seguridad la sienta en sí mismo y no en otros o en su casa.
Pasados unos meses de la terapia se ven mejorías significativas, puede ser en 3, 6, 12 meses, dependiendo cada caso. Esto significa que la persona empieza a hacer una vida más normal. Si tenia pánico con agorafobia, comienza a salir, si tenia ansiedad generalizada reduce mucho su catastrofismo, y ve el mundo menos amenazante por lo tanto empieza a ser más libre de la enfermedad pero no aún de los vínculos más cercanos.
Ahora bien, el problema es el siguiente, cuando los pacientes eligieron sus parejas, eligieron personas que las puedan proteger, cuidar, sostener, reemplazar a los padres de alguna manera. Y eso les gustaba, se sentían seguras. Por otro lado a sus parejas también les gustaba ser los “protectores” dadores, dominantes. Pero el problema surge cuando se cambia el contrato y la persona que necesitaba protección ahora necesita libertad, ya no necesita alguien que la cuide sino que la comprenda y acompañe. Pero su pareja que era el dador de esa protección tiene que buscar cómo sentirse seguro perdiendo ese lugar que tuvo desde siempre y ubicarse en otro completamente diferente.
Entonces cuando los pacientes vuelven a la consulta, ¿vuelven con una recaída o un problema de pareja? Es ahí donde nosotros los terapeutas tenemos que poner atención en eso ya que si esto está presente y lo tratamos otra vez con técnicas cognitivo-comportamentales, probablemente no resulte. Será propicio implementar ya sea de manera individual o de pareja, una terapia basada más en re-definir o re-constituir el vínculo desde otro lugar pudiendo correr la enfermedad y estableciendo un vínculo mas sano con su pareja.
Para ejemplificarlo les cuento un caso, Hace tiempo tenía una paciente, mujer 40 años, con ataques de pánico. Cada vez que ella tenía un ataque llamaba al marido y el acudía de inmediato. Ella se encontraba en la calle, se descomponía y lo llamaba a él para que fuera a buscarla. Ella no hacía nada sin él, y eso en apariencia no generaba ningún problema en la pareja. Así se manejaron por años. Cuando ella empieza su tratamiento, vinieron los dos y él estaba tan interesado como la paciente en que mejore. Lo que no sabía ninguno de los dos era qué cambios podía implicar la mejoría. Cuando ella empieza a mejorar, a salir sola, a maquillarse y arreglarse más, a ir al gimnasio, etc., el marido se viene el al consultorio a decirme que quería de vuelta a su mujer, que esa no era su mujer. Charlamos un rato y llegamos a la conclusión de que lo que estaba pasando es que a él le costaba sentirse tan seguro como antes frente a esa “mujer” que estaba tan cambiada, más atractiva, más extrovertida y segura, independiente, “parece como si no me necesita ahora…”

Es importante mostrarles esto a los dos, explicarles cómo han funcionado hasta ahora, que hay que atravesar un proceso que es difícil pero que va a resultar positivo para la pareja y para sus hijos. Nos detenemos un rato en esto de manera que puedan explicitar qué quieren transmitirle a los hijos y si quieren cortar el modelo de sobreprotección que vienen repitiendo, y la mayoría acuerda con esto.

En cuanto a la función del terapeuta es importante que tengamos en cuenta que ambos se eligieron en su momento y no caer en ponernos del lado de nuestro paciente, “culpando” a la pareja de que tiene una celotipia o que él es el que está enfermo.
De esta manera tenemos un tratamiento global apuntando a modificar el trastorno de ansiedad por el que consultan y luego mejorando, o intentando mejorar, su vida familiar y de pareja.

Lic. Andrea Juri