viernes, 12 de mayo de 2017

¿Cómo nos impacta el estrés?


Los trastornos de ansiedad están íntimamente relacionados con el estrés, se retroalimentan mutuamente.  A mayor estrés, la persona se encuentra más vulnerable a que se intensifiquen sus síntomas.
Para obtener el alta terapéutica y lograr una buena calidad de vida es necesario que la persona cuente con estrategias para su manejo.
Afortunadamente contamos con tratamientos en varios formatos para enfrentar al estrés de manera más adaptativa.

¿Qué es el estrés?
La discrepancia entre las demandas que actúan sobre un organismo, ya sean demandas internas o externas, retos o metas, y el modo en que la persona percibe sus posibles respuestas a estas demandas, da lugar al estrés. El estrés es pues definido como una relación particular entre el individuo y su entorno, donde lo crucial es la percepción del potencial peligro del estímulo, el cual sobrepasa los recursos para hacerle frente. Esto demanda un esfuerzo de adaptación para responder a esa exigencia.

Permanentemente en nuestra vida nos enfrentamos con situaciones estresantes: conflictos y exigencias laborales, inestabilidad económica, inflación, tránsito, piquetes, inseguridad, organización familiar, etc. El estrés produce cambios fisiológicos que preparan al organismo para enfrentar al estímulo amenazante, lo preparan para la lucha o huida. El cuerpo produce sustancias químicas para obtener fuerza y energía extras; aumenta la presión arterial, el ritmo cardíaco y la frecuencia cardíaca, la sangre se dirige a los músculos y al cerebro. Además se inhiben las funciones que no son necesarias en ese momento.

Esta reacción química ante el estrés es un proceso fisiológico que evolucionó a lo largo de millones de años. Vivimos tres millones de años en la selva, tres mil años en la granja, trescientos en la fábrica y solo unos sesenta con la tecnología moderna. Por esto la gente reacciona a los problemas de hoy con las respuestas primitivas de ayer. Cuando el estrés era primordialmente físico, cuando nuestros antepasados luchaban contra tigres, por ejemplo, realmente tenían que luchar o huir para sobrevivir. En la mayoría de los casos hoy, el estrés es de naturaleza diferente. Hoy lidiamos con problemas del mercado, domésticos, laborales….

El estrés de hoy se debe, en parte a los estilos de vida modernos. La tecnología ha revolucionado de manera radical nuestras vidas: lo que necesitamos saber, los problemas a resolver, los aparatos y aplicaciones digitales…han expandido nuestros mundos personales. Se estima que en la actualidad nos enfrentamos con mil veces más acontecimientos que nuestros abuelos. Pero el tiempo que contamos para tomar decisiones sigue siendo el mismo. Y las relaciones personales, que podrían ayudarnos a encontrar un sentido de pertenencia, con frecuencia son frágiles, cambiantes y complejas.

Este conjunto de reacciones del organismo representa una respuesta de emergencia para enfrentar el estímulo peligroso, para luego retornar al equilibrio. Es un mecanismo diseñado para actuar de forma aguda, como una reacción de corta duración. El problema sobreviene cuando la respuesta de estrés se prolonga en el tiempo o se presenta con tal frecuencia que el individuo no puede retornar a sus valores normales. Es cuando hablamos de estrés crónico.

Las señales del estrés crónico son tan familiares como perturbadoras: desde tensión muscular, dolores de cabeza, colon irritable, ansiedad, insomnio hasta patologías más severas como trastornos psiquiátricos, cardíacos, entre otros. Tenemos la impresión de que la vida es una lucha, una persistente sensación de pérdida, de estar atrapados, desesperados e impotentes para obtener nuestros objetivos.

¿QUÉ PODEMOS HACER?
·      Soy pasional, no puedo manejar mis emociones.
·      En la familia somos así, nos afecta todo.
·      Estoy desbordado, no puedo hacer nada.
·      Cómo no vamos a estar mal, si nos pasa de todo.

Estos pensamientos son característicos de las personas afectadas por estrés.
Pero así como esos pensamientos y creencias se han aprendido, se pueden reaprender otros modos de interpretar los acontecimientos, más realistas.
Ocuparse de las cosas que le interesan, contribuye a que se logre una buena alianza entre cada uno y su entorno. Cuando uno sabe lo que quiere, lo que puede hacer y lo que su ambiente le ofrece, puede tener una visión más realista con sus expectativas y decisiones. 

El conocimiento es el primer paso para lograr el autocontrol.
Actualmente contamos con estrategias para aprender a reducir el estrés que depende de cada uno, y amortiguar el impacto de los estímulos que no controlamos.
No podemos anular el estrés, pero sí podemos vivir mejor si lo manejamos de manera adecuada.

Lic. Verónica Tamburelli

jueves, 5 de enero de 2017

¿Qué es la Fobia Social? ¿Cómo se trata? ¿Individual o grupal?

Desde hace mucho tiempo a María le gusta Juan, sin embargo cuando logra aproximarse, todo intento de iniciar un diálogo queda arrasado ante el bloqueo mental y, en consecuencia, un fuerte sentimiento de frustración se apodera de ella. Se repiten, una y otra vez, frases como “se va a dar cuenta que estoy nerviosa”, “percibirá que soy una tonta”, “no le voy a gustar”.

Gustavo decidió realizar una consulta médica, cansado de que el temor a hablar en público impacte negativamente en su calidad de vida. Progresivamente fue incrementando el número de actividades que necesitaba evitar para aliviar su ansiedad, convenciéndose con frases como “no tengo ganas, me aburro”,  “estoy cansado”,  y así lograba permanecer durante la mayor parte del día en su casa y en soledad, con un estado anímico decaído.
  
Como María y Gustavo, muchas son las personas con Trastorno de Ansiedad Social (TAS), que sienten un intenso malestar y/o una ansiedad desmedida en diversas situaciones sociales, durante las cuales el temor a ser observados y evaluados negativamente cobran protagonismo.
Pensamientos del estilo: “se darán cuenta que soy un incompetente”, “percibirán que estoy nervioso”, desencadenan un amplio abanico de síntomas como sudoración, ruborización, alteraciones en el tono de voz, bloqueo mental, palpitaciones, tensión muscular, malestar gastrointestinal, sensación de ahogo. Muchos de ellos fácilmente percibidos por el interlocutor, lo que contribuye a la retroalimentación entre el miedo, la ansiedad y la evitación, propios del TAS. 
Escenarios como hablar por teléfono o comer en público, dialogar con desconocidos o con personas de autoridad, asistir a una fiesta, o el simple hecho de caminar por la calle, se convierten para estos pacientes en una verdadera odisea.
El aspecto común a estas situaciones es el temor excesivo a la evaluación negativa, cualidad básica en los sujetos con fobia social. Vale aclarar que el individuo no sufre por el temor a las situaciones sociales propiamente dichas, sino a la posibilidad de ser juzgados negativamente en ellas (independientemente de la situación). Lo que sucede es que estos pacientes perciben una simple “probabilidad” como un hecho concreto, es decir sobrestiman la chance de ser observados, rechazados o ridiculizados, y en consecuencia mantienen un constante estado de hiperalerta (agotador y estresante) ante una amplia variedad de escenarios percibidos como amenazantes.
Sentir ansiedad en determinados escenarios es algo frecuente (y hasta podría decirse esperable) entre la gente, sin embargo, cuando la intensidad es elevada, como la frecuencia de aparición y de duración, y el grado de conducta de evitación es constante, hablamos en términos de Fobia Social.

La Fobia Social puede ser tratada con eficacia por medio de la Terapia Cognitiva Conductual, cuyo tratamiento plantea procedimientos empíricamente validados.  
Tradicionalmente se ha dividido el tratamiento cognitivo-conductual de la fobia social en cuatro tipos de procedimientos:

Estrategias de relajación: proporcionarán al paciente medios para afrontar la ansiedad.

Entrenamiento en habilidades sociales: enseñar habilidades sociales adecuadas, tanto verbales como no verbales, con el fin de mejorar las competencias y conductas interpersonales.  

Exposición a las situaciones temidas: estrategia básica de la intervención con pacientes con fobia social. Con el objetivo de que el sujeto logre superar la evitación, y pueda exponerse gradualmente a las situaciones temidas para que la ansiedad disminuya.
 
Reestructuración cognitiva: los factores cognitivos juegan un rol determinante en el desarrollo de la fobia social. Vimos que el temor al escrutinio o a la evaluación negativa, constituye un problema en la percepción de la conducta y los motivos de los demás. Por lo tanto, las intervenciones que aborden las percepciones y los pensamientos distorsionados serán relevantes durante el tratamiento.

Sin dejar de mencionar la psicoeducacion, estrategia terapéutica mediante la cual se brinda información al paciente acerca de la enfermedad, para proveerlo de herramientas que le permitan ser proactivo en el tratamiento y la comprensión de su enfermedad.

La Fobia Social, es uno de los cuadros psicopatológicos que mayor beneficio obtiene con  tratamientos terapéuticos de formato grupal. Porque la modalidad del encuadre propicia las condiciones necesarias para que el sujeto pueda afrontar aquello justamente genera ansiedad: la interacción social.
Bajo un ambiente de confianza, vinculado a personas con idénticas dificultades, coordinado por profesionales, se generan las condiciones adecuadas para que progresivamente el paciente disminuya la sintomatología.


Lic. Brenda Campos